PSG-REAL MADRID: PSG GANA EN EL ÚLTIMO MINUTO

 


La noche arrancó con las maniobras de seducción de los aficionados madridistas a Kylian Mbappé. Una hora antes, por los videomarcadores se escuchó el nombre del delantero francés y, mientras la grada local reaccionó con indiferencia, desde el sector blanco comenzaron a vitorear al gran deseado. Gestos de atracción en la jornada posterior al Día de los Enamorados en París que repitieron nada más salir el PSG a calentar al ritmo de Queen junto al córner de la muchachada merengue. A su lado, Messi trotaba y se estiraba al tran tran, parsimonioso, en su mundo. Un presagio.

Todo empezó y terminó en esa esquina. Donde fue aclamado por sus enemigos sin que el partido empezara y desde donde liquidó a los blancos en el descuento en su enésimo intento. Se la cruzó a Courtois y se marchó a festejar ante la mirada pasmada de los blancos.

En la última terminó cantando el gordo después de una jornada en la que no dejó de percutir. Cuando reinaba la lentitud y cuando el partido cogió otro vuelo. Primero se la hizo a Carvajal para conectar con Di María, que la mandó arriba; luego se la volvió a hacer al lateral derecho para fallar ante Courtois; al comienzo de la segunda parte soltó un tiro dentro del área otra vez frenado por el tallo blanco bajo palos. Y así siguió y siguió hasta que encontró el tesoro en el minuto 94.

Un minuto antes de que el Parque de los Príncipes estallara, cuando el empate ya se daba por hecho, Messi se había quedado paralizado en el ataque después de que Casemiro le rebañara la pelota. Si la jornada coronó a Mbappé, a Messi le sumió en la melancolía.


La desazón del argentino se agudizó a la hora de juego cuando se citó con Courtois. Después de evitar en algunas acciones el tiro lejano, se vio con un penalti en los pies después de que Mbappé sacara otra vez de rueda a Carvajal, sometido a una tortura desde el inicio y relevado a falta de 20 minutos. Sin embargo, el ex del Barcelona volvió a sumar otro desencanto desde los 11 metros en la Champions. Se la atajó Courtois y el argentino se convirtió, junto a Thierry Henry, en el jugador con más penaltis fallados en la Liga de Campeones (cinco). Es más, el astro argentino suma cuatro años sin marcar ni asistir contra el Madrid (un total de 686 minutos), y contra los blancos erró su primera pena máxima después de enlazar seis aciertos en seis lanzamientos desde los 11 metros con la camiseta del Barcelona.

Diez minutos más tarde, Messi tuvo un golpe franco que ni pilló portería. El 30 del PSG reaccionó quedándose parado en el mismo punto de la falta mientras el resto de sus compañeros se replegaban. Pensativo, ausente. El fallo en el penalti le había hecho acelerar el ritmo buscando esas conducciones, pero no le encontraba el hilo al choque.

Hasta esa pena máxima, Messi se había desplegado como una canción lenta y sosa, nada que ver con los sonidos iniciales de Freddy Mercury. El argentino se movía en 30 metros, más pendiente de bajar a recibir que de atacar el área. Tanto que, al cuarto de hora, en un intento por la derecha del PSG, La Pulga, en la otra orilla, no hizo ni intención de esprintar para acercarse al área.

Si lo de Messi se trataba de una canción lenta, la de Benzema era una casi parada. Más de tres semanas después de retirarse lesionado contra el Elche y de apenas dos participaciones en entrenamientos con el grupo, decidió forzar, según anticipó en la previa, y se apuntó al mayor álbum de cromos de la Champions.

Desconexión arriba

Sin embargo, su radio de acción no superó los 30 metros, desconectado por el mutismo del Madrid en ataque y una intención indisimulable de dosificar al máximo la carrocería doliente. Lo que más sorprendió de su paso por París, además de completar casi todo el encuentro, no tuvo que ver con él, sino con cómo pronunciaron su nombre por megafonía en su propio país, con el acento en la “e”, ante la sorpresa de quien tenía la oreja encendida en un estadio ya caldeada por las bengalas del fondo de Auteil, incansables al desánimo pese al fútbol mortecino.

En el Madrid no hubo más noticia que la de su portero y parte de su defensa. Los 22 tiros del PSG por los tres del Madrid (ninguno a puerta) retrataron a un equipo blanco muy pobre y la insistencia local, hasta que Mbappé remendó el error de Messi y dejó inclinada una eliminatoria que en el Bernabéu no contará con dos importantes resortes defensivos del Madrid, Casemiro y Mendy, ambos sancionados por acumulación de tarjetas.

El día se fue encapotando con el paso de las horas, cada vez más gris y amenazante. Hasta que Mbappé, el gran deseado, el aclamado a las ocho de la tarde por los aficionados blancos, amargó al Madrid sobre la campana, casi a las once, desde su mismo córner.



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